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Ante el fallecimiento del Prof. Emérito Juan Carlos Carrasco PDF Imprimir E-Mail

 

                              Juan Carlos Carrasco: Semblanza de un pionero
                                       

                                                     In Memoriam

 

El 20 de abril fallece el Prof. Emérito Juan Carlos Carrasco. La Psicología del Uruguay pierde a uno de sus pioneros. Lo conocimos en 1965, en la Facultad de Humanidades y Ciencias ubicada en Lindolfo Cuestas, frente a la bahía que llegaba, en ése entonces, hasta el muro de su callejón trasero. Carrasco era, en aquél entonces, Profesor de Psicología de las Edades que se dictaba en el segundo año de la Licenciatura. Hombre de baja estatura, ojos vivaces, inquieto, siempre atento a su entorno. Era locuaz, directo, ameno en su decir. Profusamente creativo, había desarrollado un test de integración psicomotriz (TIAM), que era una prueba asociativa gráfica en cuya estandarización contribuimos junto a otros compañeros de generación. El impulsaba, apoyaba, polemizaba. Había propuesto, también, un modo de clasificar las respuestas de movimiento del psicodiagnóstico de Rorschach; lo que enriquecía sus posibilidades interpretativas. Fue psicólogo en forma autodidáctica luego de haber dejado sus estudios muy avanzados en Medicina y, como muchos de ésa misma generación, estudió y trabajó junto a Radecki, Mira y López, Morey Otero y Marcos, en contextos hospitalarios y educativos.

 

 

Fue uno de los fundadores de la Sociedad de Psicología del Uruguay y de la carrera de Técnico en Psicología Infantil y de la Adolescencia que se dictaba en el marco de la Escuela de Tecnología Médica del hospital de Clínicas.


Con una personalidad expansiva y combativa, puso lo mejor de sí para defender a la Psicología que -por 1958 recibía ataques de todas partes. Uno de ellos protagonizado en el seno del Sindicato Médico, la Facultad de Medicina y el Ministerio de Salud Pública por "intrusismo en Medicina", donde los psicólogos y psicoanalistas no médicos quedaban equiparados con los curanderos y magos cuando practicaban psicoanálisis a pesar de estar formados para ello. Allí estuvo él defendiendo las posibilidades de hacer psicoanálisis por parte de quiénes tenían una formación rigurosa para ello realizada en el seno de la Asociación Psicoanalítica del Uruguay. Lo mismo hizo en los años 66-67 cuando se rumoreaba una reglamentación del ejercicio profesional a expensas y en detrimento de los propios psicólogos. Recuerdo en ésa oportunidad haber ido con Carrasco al Parlamento y al Ministerio de Educación y entrevistarnos con Hierro Gambardella que lo tranquilizó al respecto. Hace un par de años, en ocasión de un encuentro en unas jornadas, Carrasco evocaba ése episodio y me decía: "te acordás que susto teníamos". Recuerdo que el asustado era yo porque él estuvo como pez en el agua y fue muy directo y preciso en trasmitir la preocupación de todos los psicólogos universitarios.


Al dejar Jorge Galeano Muñoz la dirección del Instituto de Psicología de la Facultad de Humanidades y Ciencias, Carrasco fue elegido por los tres órdenes para ése cargo que
desempeñó hasta casi la llegada de la intervención de la universidad por parte de la dictadura. Fue su Dirección un período muy fermental porque durante el mismo se discutió un nuevo plan de estudios, con áreas de especialización en posgrados hasta llegar a un doctorado; pero lo que es más importante, debatimos e impulsamos la separación de la carrera de la Facultad de Humanidades y Ciencias y la creación de una Facultad de Psicología separada de la misma. Este fue un tema recurrente entre los que éramos estudiantes durante toda ésa época; sobre todo cuando llegaba el momento de discutir las leyes presupuestales y las partidas asignadas a Psicología. Había ya, del sesenta en adelante, varios egresados/as de la licenciatura y se creó la Asociación de Licenciados en Psicología (ALPU); luego APUU (Asociación de Psicólogos Universitarios del Uruguay) donde éste también era allí uno de los temas recurrentes.


Al llegar la dictadura Carrasco emigra: primero a Chile -de donde tiene que irse también, porque está Pinochet- y luego a Holanda donde lo acoge la Universidad de Utretch. A su regreso al Uruguay, lo que sigue es historia más cercana y conocida. Dirige el Centro Único de Psicología que da lugar al IPUR y éste, a la Facultad de Psicología de la UDELAR en 1994, ¡cuarenta años después de aquéllas reivindicaciones de los años sesenta a las que aludí!


Como era un realizador tenía, como todo realizador, detractores y seguidores (al menos en la época de la Facultad de Humanidades y Ciencias). Después de su regreso de Europa, todo fue merecidos reconocimientos. Sus inquietudes se orientaron más hacia el campo de la Psicología Comunitaria a la que hizo numerosos aportes que enriquecieron su práctica.


Tuvo una particularidad: su personalidad extrovertida y de hombre inquieto lo llevó siempre a estar muy cerca de los jóvenes. Tenía el don de comunicarse fácil con ellos y de apoyar sus inquietudes; por eso fue un abridor de puertas y caminos para numerosas generaciones. Su siembra, pródiga en ése sentido, dio renovadas cosechas y frutos, dejando una impronta en el quehacer profesional y personal de muchos.


Vaya hoy nuestro homenaje y el reconocimiento a una vida que supo ser fecunda y productiva en el campo de la Psicología de nuestro país.


Eliseo M. González Regadas

 
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